There are *no* inconsistencies in the Discworld books; ocassionally,
however, there are alternate pasts. (Sir Terry Pratchett, alt.fan.pratchett)
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El discurso Dimbleby, un emotivo canto a la vida



When the time comes I'll sit on my lawn, brandy in hand and Thomas Tallis on my iPod. And then I'll shake hands with Death - Sir Terry Pratchett

Sir Terry Pratchett pronunció hace pocas horas el discurso Dimbleby (Dimbleby Lecture), un evento anual en el que una figura importante (ya sea del mundo de la ciencia, la política o la economía, entre otros) pronuncia un discurso en el Real Colegio de Médicos de Londres. La importancia de este evento se puede percibir simplemente echando un vistazo a la lista de oradores que han participado: Richard Dawkings, Bill Clinton o Dominique de Villepin son algunas de las personalidades que han pasado por el púlpito.

En 2010, Terry Pratchett ha sido el elegido, convirtiéndose en el primer escritor en tener este privilegio. Ha sido un discurso precioso, y me comprometo a intentar tenerlo traducido en breve para poder compartirlo con la comunidad hispanohablante de fans de Pratchett. Pero hasta entonces, sí que se puede comentar lo que uno ha oído, y vaticinar que se abre una nueva era en la sociedad occidental: podríamos estar superando la obligatoriedad cristiana de preservar la vida (desde un punto de vista exclusivamente biológico, y siempre con el argumento de que sólo Dios nos la puede quitar). Y es que nuestra concepción convencional de la vida, así como su valor y su significado pueden estar en un momento clave en la historia, pueden estar redefiniéndose, principalmente por esa corriente de pensamiento que está cuestionando cada vez con más energía la escala de valores cristiana y que tiene en la vida y en la concepción uno de sus máximos argumentos frente al racionalismo o el ateísmo. Pero esto es otra historia muy diferente. Sigamos con Pratchett.

En primer lugar, el hecho de que no fueraTerry quien leyera el discurso, sino el actor Tony Robinson, aunque fuera ligeramente predecible, no deja de ser un elemento enternecedor. Es lógica esta decisión, puesto que, debido a su condición, Pratchett se ha visto anteriormente con ciertos problemas para leer en público (hay un vídeo circulando en Internet en el que aparece en una convención leyendo un fragmento de una de sus novelas, y reajustando una y otra vez el flexo que le ilumina. Finalmente admite que es una sombra que su cerebro está creando lo que le impide leer con claridad - aunque teniendo en cuenta de quién estamos hablando no sorprendería que esto fuera una forma de quitarle hierro al asunto).

En cualquier caso, el discurso, aunque no esté pronunciado por él, es inconfundible. El estilo está salpicado por no pocos juegos de palabras y por un sentido del humor que hacen de la tragedia algo aún más dulce si cabe. En ocasiones, su discurso ha sido realmente divertido, otras muchas conmovedor y, lo más difícil, acertado y adecuado. Difícilmente alguien podrá estar en contra de unos argumentos así esgrimidos por una persona que es capaz de expresar con palabras lo que muchos piensan y querrían leer. Y no olvidemos que es el creador de la reificación de la Muerte, y que ha convertido a este hecho en un personaje de ficción querido y admirado por millones de lectores en todo el mundo. Toda una proeza, tratándose de quien se trata. En defintiva, una delicia escucharlo, y fenomenalmente reproducido por Tony Robinson (actor que aparece en Hogfather, por ejemplo).

En Shaking Hands With Death, Pratchett nos habla, claro, de la Muerte (no sabía si escribirlo con mayúsculas o con minúsculas, me decanté por el primero al fin), de cómo vivió experiencias de este tipo con familiares cercanos, y cómo le inspiraron tanto la vida como la muerte de Richard Dimbleby. También dedica unos preciosos párrafos a la enfermedad de Alzheimer's, concretamente de la forma rara que le afecta, conocida en inglés como PCA.

Mientras sigue el discurso intercalando frases lapidarias y en ocasiones sentenciosas, el exquisito escritor desgrana los motivos por los que se posiciona claramente a favor de la eutanasia, eufemísiticamente conocida desde hace no mucho tiempo como muerte asistida. Además de sugerir la creación de tribunales específicos que determinen la idoneidad de mantener a un enfermo terminal con vida, también se ofrece como caso de prueba, mostrando una gran valentía, autoconfianza y determinación. Determinación en su pelea por vivir, pero desde luego no por sobrevivir.

Claramente, Terry Pratchett quiere vivir mucho, cuanto más mejor, pero también pide el derecho a poder escoger sobre cómo, dónde y con quién exhalamos nuestro último suspiro. La polémica está servida, y también un debate subyaciente en el que la religión, la ciencia, la moral y la ética se podrían liar a tortas durante mucho, mucho tiempo.

El discurso:

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Navidades Alienígenas, por Terry Pratchett






NAVIDADES ALIENÍGENAS

El siguiente texto apareció en el número 50 de Ansible, el boletín del escritor David Langford, correspondiente a los meses de agosto/septiembre de 1987. Lo pronunció Terry Pratchett después de una cena en Beccon, hace solo 22 años y medio. El texto original se puede encontrar aquí:

Qué gran idea, ¿verdad? Mucho mejor celebrar la Navidad en esta época del año que a finales de diciembre, cuando las tiendas están siempre llenas de gente. Me recuerda a los discursos navideños de la Reina a toda la Commonwealth, allá por los 50, con la estampa tradicional de los australianos comiendo gambas congeladas, pavo asado y pudín de Navidad en la playa de Bondi. Siempre había un árbol de Navidad plantado en la arena. Estaba decorado con lo que ahora pienso que es vómito.

La semana pasada me tocó una especie de galletita de la fortuna donde decía "Tu rol es el de Comilón". Me pareció genial: me gustan los juegos de rol, nunca había sido un Comilón, me pregunto cuántos puntos de vida tiene. Y después vi otro mensaje debajo donde ponía que a las 22.00 mi rol sería Orador Post-Cena Navideña, algo que solo cabría encontrar en la peor mazmorra: un monstruo que se tambalea, con una camisa blanca con adornos, mientras busca a gente que lo escuche. Tres horas después, los exploradores aparecen petrificados de aburrimiento, con el café congelado y la chocolatina de menta derretida en las manos.

Todo esto me recuerda por qué dejé Dungeons & Dragons. Había demasiados monstruos. En los viejos tiempos podías ir a una mazmorra sin encontrar mucho más que algunos orcos y hombres lagarto, pero de repente todo el mundo empezó a inventarse monstruos y al poco tiempo resultaba que, llevando una maldita espada mágica, lo que realmente necesitabas para ser un aventurero de verdad eran los quince volúmenes de la Guía sobre Mostruos de Marcus L. Rowland y la capacidad de leer muy, muy rápido, porque si no eras capaz de reconocerlos desde fuera te encontrabas rápidamente con la oportunidad de echarles un buen vistazo desde dentro de sus amígdalas.

En fin, ese papelito decía que me tocaba hablar sobre Navidades Alienígenas, lo cual me venía bien porque siempre me gusta saber de qué tema me voy a desviar. Lo intentaré; he sido muchas cosas malas en la vida aunque, gracias a Dios, nunca he sido muy fan de "Los 7 de Blake".

En cualquier caso, las Navidades ya son bastante alienígenas por sí mismas. Es curioso, pero cuando ves imágenes de Santa Claus siempre lleva los mismos juguetes en el saco. Un osito de peluche, una muñeca, una trompeta y una locomotora de madera. Siempre. Algunas veces también lleva algunos bastones de caramelo a rayas rojas y blancas. No sé por qué, pero nunca se ven en las tiendas, y si algún niño pide una locomotora de madera hoy en día, significa que vive en el fondo de un agujero en una isla desierta y que nunca ha oído hablar de la televisión, porque las últimas Navidades mi hija recibió un montón de juguetes (algunos coches, un avión, cosas así) y no se parecían a aquello en absoluto. Todos y cada uno de sus regalos eran robots.

Y no simples robots. Conozco el aspecto que deben tener los robots; de niño tuve un robot. Se veía que era un robot: tenía dos ruedas dentadas en el pecho y los ojos se le encendían cuando le retorcías la llave, lo cual es normal, ya que le pasaría a todo el mundo. Y también tenía un Robot Mágico... bueno, todos tuvimos uno, ¿no? Y cuando nos hartábamos de la autosuficiencia con que se paseaba por su espejo y acertaba todas las respuestas, las arrancábamos para colocarlas de otra forma porque nos salía de las narices. Si es que éramos unos demonios.

Pero estos nuevos robots son subversivos. Son robots camuflados.

A nuestro alrededor se está librando una especie de guerra robot. Yo aún no la acabo de entender, aunque parece que los críos están increíblemente bien informados sobre el tema. Parece que los robots buenos se distinguen de los malos en que los buenos tienen cabezas humanas, algo como aquella escena de "Saturn Five", ¿os acordáis? Esa en la que al robot se le ocurre que la mejor forma de parecer humano es cortarle la cabeza a algún humano y clavarla en su antena. Todos los robots tienen la misma pinta que un jugador de fútbol ame- ricano recién atropellado por un Volkswagen.

Van por ahí salvando el universo de otro puñado de robots, entendiendo "salvar el universo" como "grandes batallas láser". El universo no tiene muy buena pinta después de que lo salven, pero, qué narices, está salvado.

De todas formas, ninguno de sus regalos parecía lo que debería parecer. Una colección de rocas de plástico resultaron ser Señores Roca, con nombres excitantemente rocosos como Pedrusco y Pepita. Sí, otro hatajo de putos robots. De hecho, la única cosa navideña que había en nuestra casa era el nacimiento, y no estoy convencido del todo de que, pulsando un botón, María y Josoide no fueran a luchar por su dominio contra los Tres Reyotes.

El más raro de todos, sin embargo, era Kraak, Príncipe de las Tinieblas. Por 14,95 libras debe de ser una ganga de príncipe de las tinieblas. Es un zoide, probablemente del planeta Zoide de la galaxia Zoide, porque aunque los modelos son bastante buenos, el argumento que tienen detrás es una mierda, el equivalente en la ciencia ficción a una hamburguesa de McDonald's. Pero me gusta el bueno de Kraak, aun así, porque solo tardamos toda la mañana del día de Navidad en montarlo. Está hecho de plástico rojo y gris, un auténtico milagro tecnológico del poliestireno, y tiene el mismo aspecto de un pollo que lleve muerto, digamos, unos tres meses. Métele dos pilas por su culo de robot y empieza a aterrorizar a todo el universo, tal y como asegura el anuncio, y lo hace así: camina unos veinte centímetros muuuuuuuuy lentamente, dando pena, mientras se le retuercen docenas de pequeños pistones de plástico, y entonces se cae.

Kraak tiene ese instinto de supervivencia que hace a un piloto kamikaze parecer un voluntario de seguridad vial. No sé cómo será el terreno allá en Zoide, pero le resulta bastante difícil desplazarse por la típica moqueta de dormitorio. Aunque no me sorprende que aterrorice a todo el universo: debe ser bastante aterrador que te caigan encima toneladas y más toneladas de robot de guerra, con sus piececitos dando vueltas tristemente. Te entran ganas de suicidarte por solidaridad. Ah, y tiene otra arma diabólica: se puede arrancar la cabeza y colarla debajo del sofá. Eso sí que da miedo. Lo hemos probado contra otros zoides, y puedo deciros que la tecnología de los robots de combate consiste, básicamente, en caer delante de su adversario para intentar que tropiece. Es una tarea difícil porque el instinto natural de todos los zoides es caerse tan pronto como apartas la mano.

Pero incluso Kraak tiene problemas comparado con un robot que nos enseñó un vecino orgulloso. Un Transformer, creo que era. No está construido solo como un coche o un avión, es una flota entera de vehículos que, en cuanto amenaza el desastre, se arman formando una única gran máquina de guerra. Esa es la teoría, al menos. Apuesto a que en el momento de la verdad esa puta cosa deberá afrontar la batalla a medio montar porque su torso lleva retraso en el aeropuerto de Gatwick y su pierna izquierda está en un atasco a las afueras de Luton.

Hace poco vimos "Santa Claus: la película". ¿Alguien la ha visto? Bastante espantosa; la única risa es cuando aparentemente dejan que el reno esnife coca para conseguir despegar. No me extraña que Rudolf tenga el hocico rojo si se pasa media vida con un rulo dentro.

De todas formas, deberíais ver el taller de Santa Claus. Justo como pensaba. Cada maldito muñeco está hecho de madera y pintado con co lores chillones. Es posible, y de hecho supongo que es probablemente
inevitable, que si accionas el interruptor correcto de los balancines o las encantadoras muñecas de madera, también se conviertan en robots, pero lo dudo. Examiné cuidadosamente el lugar y no había una sola máquina de moldeado de plástico. Ni uno solo de los elfos tenía pinta de saber por qué lado coger un soplete. No vi ninguno de los juguetes verdaderamente tradicionales. Ni Rambos, ni modelos de plástico de Karate kid, ninguna de esas raras máquinas didácticas diseñadas para enseñar a tu hijo a hablar como un controlador de la NASA con sinusitis y una edad mental de cinco años.

Bueno, pues tengo una teoría para todo esto. Básicamente, es que los Santa Clauses son específicos para cada planeta y nosotros tenemos el que no nos tocaba.

Sospecho que fueron las pruebas nucleares a principios de los 50 las que se cargaron el, ya sabéis, el tejido del tiempo y el espacio. Las pruebas secretas en el polo norte abrieron un, bueno, una especie de agujero interdimensional, y todo lo que hace Santa Claus se desvía de alguna manera a Zoide o a donde sea, y a nosotros nos llega todo lo que hace el otro, y como es un robot de plástico, solo fabrica cosas que se le dan bien.

Los que lo deben llevar peor son los niños de Zoide. Se levantan la mañana de Navidad, se desenchufan de sus unidades de recarga, traquetean hasta el final de la cama (parando solamente para caerse un par de veces) disparándose juguetonamente sus lásers de la megamuerte, echan un vistazo en sus recintos portátiles de almacenamiento y ¿qué encuentran? No son los instrumentos del caos de juguete que esperaban, sino trenes de madera, trompetas, muñecas de trapo y esos bastones blancos y rojos que nunca ves en la vida real. Juguetes que no necesitan pilas. Juguetes que no hay que montar. Juguetes con barniz en vez de plástico. Juguetes alienígenas.

Y debido a esta cosa increíble del espaciotiempo bidireccional, nuestros niños reciben el resto. Rarísimos Masters del Universo de plástico que son a la imaginación lo mismo que la lija a un tomate. Juguetes alienígenas. Quizá esté hecho a propósito, para convertirlos a todos en Zoides. Como dice la canción, mejor andarse con ojo...

Aunque de todas formas, no creo que funcione. Eché un vistazo en la casa de muñecas de mi hija. El bueno de Kraak anda por allí desde que se le gastaron las pilas y sus megacañones se desmembraron. Mr. T lle-
va ahí ya un par de años, desde que mi hija descubrió que le entraba la ropa de Barbie, y en el baño vive una extraña mujer gato de plástico.

No sé por qué, pero lo que vi me llenó de esperanza. Kraak estaba tomando el té con un perro mecánico, dos Playmobils y tres muñecas. No estaba intentando fulminar a nadie. No importa con qué nos bombardee Santa Claus, podemos con él...

Y ahora vuestros papás y mamás vendrán a llevaros a casa. No os olvidéis de llevaros los globos y los cotillones, y recordad que Papá Noel pronto estará repartiendo regalos a los niños y niñas que hayan sido buenos y se lo hayan ganado.

Terry Pratchett

¿Por qué Gandalf no se casó nunca?, por Sir Terry Pratchett



El texto que encontraréis a continuación es la traducción de un discurso pronunciado por Sir Terry Pratchett en la Novacon, en 1985. Fue publicado por Xyster 11 ed. Dave Wood, 1986.
Agradecemos enormemente a David Langford el haber transmitido al agente de Sir Terry, Colin Smythe, el interés de La Torre del Arte en traducir ciertos textos al castellano. Y, por supuesto, también a Colin Smythe por permitir a este blog llevar a cabo la traducción del artículo que hoy nos ocupa.
Podéis encontrar el artículo original aquí, y también os remito al Puercoespín N.86 , en el que aparecerá una versión reducida del artículo que aquí tenemos completo.
Lógicamente, este texto tanto su versión original son © Sir Terry Pratchett.


¿Por qué Gandalf no se casó nunca?

Quiero hablar sobre la magia, de cómo se representa la magia en la fantasía, de cómo la literatura fantástica ha, en efecto, contribuido a un uso de la magia muy diferente, y quizás lo más importante: cómo el mundo occidental, en general, ha terminado aceptando una cierta y extremadamente sospechosa imagen de los usuarios de la magia.

Debería decir, antes de nada, que realmente no creo en la magia más de lo que creo en la astrología, porque soy Tauro y a nosotros no nos va ese rollo rarito de lo oculto.
Pero hace un par de años escribí un libro llamado El color de la magia. Tenía algunos chistes geniales. Era un intento de hacer por el universo de fantasía clásica lo mismo que Blazing Saddles hizo por las películas del oeste. También era mi tributo a veinticinco años de lectura de fantasía, que empezó cuando tenía trece años y me leí El señor de los anillos en 25 horas. Ese maldito libro era un ladrillo más en el carril bici de mi vida. Empecé a leer libros de fantasía a la velocidad que sólo puedes alcanzar en tus años mozos. Y me dejó exhausto.

Tuve una infancia dura, ¿sabéis? Tenía un montón de niños con los que jugar, y mis padres me compraban juguetes para usar al aire libre, y siempre rechazaron maltratarme, de manera que nunca se me ocurrió buscar consuelo solitario con un buen libro.

Y entonces, Tolkien lo cambió todo. Me obsesioné con la fantasía. Cómics, aburridas sagas nórdicas, fantasía victoriana aún más aburrida… En este punto será mejor explicar a los oyentes más jóvenes que en aquellos días la fantasía no estaba disponible en todas las tiendas de juguetes y en cada estante de libros, sino que era algo así como el sexo: no sabías dónde encontrar los libros guarros de verdad, así que todo lo q podías hacer era meter la zarpa en revistas de Fotografía Amateur buscando desnudos artísticos.

Cuando no la podía conseguir – la fantasía heroica, no el sexo – me daba paseos por las secciones infantiles de las bibliotecas públicas, intentando convencer a los libros sobre elfos y dragones de que se vinieran a casa conmigo. Incluso compré y me leí todos los libros de Narnia de una sentada, lo cual resultó ser como un empacho de ostias consagradas. Ahora ya no me importaba nada.

Un día las autoridades me agarraron y me encerraron en una habitación oscura con pequeñas dosis de ciencia ficción hasta que rompí con mi adicción, y ahora puedo pasear y ver un libro con un dragón en la portada. Y ya casi no me sudan las manos.

Pero una parte de mi mente permaneció enchufada a lo que llamaría el universo fantástico consensuado. Existe, y todos lo sabéis. Se ha formado por el folclore y románticos victorianos y Walt Disney, y E.R Eddison y Jack Vance y Ursula Le Guin y Fritz Leiber… ¿verdad? De hecho, esos escritores y otro puñado más lo han definido de forma muy cerrada. Ahora hay, para la satisfacción de escritores parasitarios como yo, lo que casi podría llamar “elementos argumentales de dominio público”. Hay dragones, y gente que hace magia, y horizontes lejanos, y búsquedas, y elementos de poder, y ciudades extrañas. Tenemos el tipo de escenografía que tendríamos en la Tierra si Dios hubiera tenido el dinero suficiente.

Para ver el universo fantástico consensuado en detalle sólo tenéis que echar un ojo al juego de rol Dungeons and Dragons. Son mosaicos de cada una de las historias fantásticas que hayáis leído.
Por supuesto, el universo fantástico consensuado está lleno de estereotipos, casi por definición. Los elfos son altos y justos y utilizan arcos, los enanos son bajitos y oscuros y votan a los laboristas. Y la magia funciona. Ésa es la diferencia entre la magia en un universo fantástico y la magia aquí. En el universo fantástico un mago apunta con sus dedos y todas esas lucecitas azules chisporroteantes salen, y luego hay algún tipo de explosión y algún pobre diablo es convertido en algo horrible.

En cualquier caso, si te apuntas a este mercado por el chiste fácil, aprendes que éste se busca frecuentemente de dos formas: o bien retorciendo un cliché, o bien tomándose las cosas desde una óptica absolutamente literal. Así, en la secuela de El color de la magia, que está publicándose rápidamente a la velocidad de la deriva de un continente, aprenderéis qué ocurre, por ejemplo, si alguien como yo se agarra a la idea de que los círculos de piedra megalítica son en realidad computadores complejos. Lo que consigues es lo siguiente: druidas merodeando por ahí hablando algún tipo de jerga informática y refiriéndose a Stonehenge como el milagro del pedazo de silicio.
Mientras escudriñaba el mundo de la fantasía en busca del próximo cliché para sacarle algunas risas, encontré uno que estaba tan arraigado que difícilmente te darías cuenta de que está allí. De hecho, me golpeó con tanta fuerza que empecé a fijarme en él seriamente.

Y se trata de la clarísima división entre la magia hecha por mujeres y la magia hecha por hombres.

Hablemos de los magos y las brujas. Hay una tendencia a hablar de ellos como unidad indivisible, como si simplemente fueran diferentes etiquetas sexuales para el mismo trabajo. Eso no es verdad. En el mundo de la fantasía no existe nada parecido a un hombre bruja. Warlocks, os oigo gritar, pero es verdad. Oh, puedo aceptar que se postulen para historias concretas, pero aquí me estoy refiriendo a la tendencia general. Y por supuesto, no existe algo así como una mujer mago.
¿Hechiceras? No son más que un tipo mejor de bruja. ¿Pitonisas? Simplemente brujas con buenas piernas. El mundo de la fantasía, de hecho, necesita desde hace tiempo una visita de los activistas por La Igualdad de Oportunidades porque, en el mundo de la fantasía, la magia hecha por mujeres es habitualmente de mala calidad, de tercer nivel, con connotaciones negativas, mientras que los magos son normalmente más cerebrales, inteligentes, poderosos y sabios.

Extrañamente, esto también ocurre en este mundo. No hace falta creer en la magia para darse cuenta.

Los magos suelen hacer un tipo de magia mejor, mientras que las brujas te provocan verrugas.

El mago arquetípico es, por supuesto, Merlín, consejero de reyes, creador de la Mesa Redonda, y el único hombre que sabía cómo accionar el electroimán que liberaba la Espada de la Piedra. No es, de hecho, un héroe folclórico, porque mucho de lo que sabemos sobre él está basado claramente en La vida de Merlín, de Geoffrey de Monmouth, escrito en el siglo XX. El viejo Geoffrey era uno de los grandes escritores de fantasía de todo el mundo, casi tan bueno como Fritz Leiber, pero sin esa cosa sobre los gatos.

Merlín tuvo muchos problemas con las mujeres. Morgan Le Fay – una bruja – era su mayor enemigo, pero finalmente acabó atrapado en su cueva de cristal o en su bosque encantado, elegid vosotros mismos vuestra propia variante, por una alumna. El mensaje está claro, chicos: eso es lo que os pasa si dejáis que la magia verdaderamente poderosa caiga en las manos de las mujeres.

De hecho, Merlín casi ha sido reemplazado como mago número 1 por Gandalf, cuya magia es más sugerente que aparente. También me gustaría mencionar en este punto a un tercer mago del que seguramente habréis oído – Ged, el de Un mago en Terramar. Digo esto porque los libros de Ursula Le Guin nos ofrecen un meticuloso y típico mundo mágico. Sugeriría que todo esto funcionó porque se adaptaron de una forma excelente en nuestra imaginería de cómo la magia se ordena. Sirven para señalar algunos parecidos con nuestros magos.

Son todos licenciados, y sexualmente continentes. Así, la fantasía está en concordancia con algunos de los trabajos estándar sobre magia, que dejan claro que un buen mago no tiene sexo. (Gracioso, porque no existe esta prohibición en las brujas; pueden ser unas libertinas, que eso no afectará en absoluto a su magia). Los magos tienden a existir en Órdenes, o jerarquías, y la verdad es que la Isla de Gont no me recuerda a nada más que a una universidad medieval europea, aunque supongo que alguien limpiará los lavabos. Hay, de hecho, algunas practicantes de magia en Terramar, pero si no son diabólicas, entonces o están confundidas o tratadas por Ged de la misma forma que una obstetra de la calle Harley trata a una comadrona local.

Os imagináis a una mujer intentando conseguir plaza en la Universidad de Gont? O lo puedo poner de otra forma – Os imagináis a un Gandalf mujer?
Por supuesto, casi no hace falta mencionar a las brujas de los cuentos de hadas, un atajo de brujas tan malévolas como podáis imaginar. Seguramente será por haber vivido en esas casitas de jengibre. Y por supuesto, no es nada sorprendente que las brujas hayan sido siempre descritas sin dientes – lo provocaba vivir en casas de 90000 calorías. Cuando escucharan ruiditos, eran probablemente los niños del pueblo, comiéndose el pomo de la puerta. Tomando como fuente el libro de mi hija de ocho años sobre Magos, un librito ilustrado y disponible en cualquier buena librería, “los magos deshicieron el mal causado por las malvadas brujas”. Ahí está de nuevo, el recurrente mensaje: la magia femenina es barata y mala.

Pero ¿cuál es el motivo de todo esto? ¿Hay algo en el mundo real que se refleje en la fantasía?

Lo más curioso es que el mundo occidental al menos no hay una gran tradición mágica. Puedes buscar en vano magos genuinos, o brujas, para corroborarlo. Conozco a mucha gente que se creen brujas, paganos o magos, y los más realistas admitirán que mientras que les gusta creer que están siguiendo una tradición que se remonta al conocido Amanecer de los Tiempos, en realidad lo han cogido todo de los libros y, sí, historias fantásticas. He acabado creyendo que la ficción fantástica en todas sus formas no se basa en nada del mundo real. Creo que unas y otras brujas toman sus ideas de sus lecturas o, antes de eso, del folclore. La ficción construye la realidad.

En la Europa occidental, ciertamente, los magos son pocos en número y están alejados los unos de los otros. He podido identificar a una docena más o menos, los cuales, en una retrospectiva infalible de la historia, parecen o estafadores o prestidigitadores. Los druidas casi se ajustan a lo que estamos buscando, pero se da el caso de que no eran más que unas líneas escritas por Julio César hasta que se reinventaran hace un par de siglos. Toda esta parafernalia de los ropajes blancos, las hoces y el ser uno con la naturaleza es lo que ellos querrían. Aunque también significativo. César los describió como curas viciosos de una religión basada en sacrificios humanos, y sangrientos como el que más. Pero el Relaciones Públicas de la historia, sin embargo, les ha convertido en chamanes místicos, a no ser que me refiera a shamen (en inglés, shame = vergüenza); hombres de paz que elaboran pociones mágicas.

A pesar de la reivindicación de que nueve millones de personas fueron ejecutadas por brujería en Europa durante los tres siglos que siguieron al 1400 – esto aparece con frecuencia en libros de ocultismo popular y sólo puedo decir que el dato es probablemente tan fiable como el resto de sus contenidos -, es difícil encontrar evidencia palpable de un culto de brujas tan extendido. Conozco a bastante gente que se llama a sí misma brujas. No, espera, son brujas – ¿por qué no debería creerles? Su religión me parece imprecisa, pero bienintencionada y, por lo menos, inofensiva. La brujería moderna son los Amigos de la Tierra rezando. Si tiene una sola raíz, está en los trabajos de un funcionario colonial de épocas antiguas y naturista pionero llamado Gerald Gardiner, pero yo creo que están basadas realmente en un revoltijo de hierbas, en el ocultismo impredecible de los sesenta, y en El señor de los anillos.

Sin embargo, debo aceptar que sí que ha existido gente llamada ‘brujas’. De alguna manera, han sido creadas por el folclore, por lo que yo llamo el Proceso del Platillo Volante – ya sabéis, alguien ve algo en el cielo que no puede o no quiere explicar, sabe que hay una historia popular sobre avistamientos de platillos volantes, decide que lo que ha visto es un platillo volante, y muy pronto ese “avistamiento” añade algunos copos a la gran bola de nieve de la platillología. De la misma forma, el campesino que sabe que las brujas son viejas feas que viven solas porque el folclore lo explica también sabe que la viejecita del pueblo debe ser una bruja. Pronto, todo el mundo SABE que hay una bruja en el valle de al lado, atribuyen ciertas triquiñuelas del destino, y así el gran mito sigue su curso.

Uno puede buscar en vano una evidencia similar así de extendida con los magos. Además de los puñados de dudosos médicos ya mencionados, la mitad de los cuales son fácilmente identificables como alquimistas o charlatanes, todo lo que pude encontrar fue algún culto vagamente masónico, como los Palabra de los Jinetes, en East Anglia. No hay demasiado de Gandalf por ahí.

Ahora podéis adoptar la visión de que por supuesto éste sea el caso, porque si el cayado está sucio en la punta, va para las mujeres. Cualquier cosa hecha por mujeres es automáticamente degradada. Ésta es la visión más extendida – bueno, ampliamente extendida por mi mujer desde que empezó a ir a reuniones de grupos de incremento-de-la-concienciación – y la que me dice que es ridículo especular sobre este tema porque la respuesta es demasiado obvia. La magia, según esta teoría, es algo en lo que sólo los hombres pueden ser buenos, y por eso cualquier intento de las mujeres de sobrepasar la línea sagrada debe ser rigurosamente apagado.

Me gustaría saber si esto es realmente lo que hay. Pero el hecho es que el universo fantástico que tenemos por consenso ha cogido la idea y la mantiene. Yo me inclino por la visión distinta, aunque sólo sea para mantener viva la discusión, de que todo el meollo es mucho más metafórico que eso. El sexo del practicante de magia, la verdad es que tampoco influye demasiado. El clásico mago, creo, representa el ideal de la magia – todo lo que esperaríamos poder ser, si tuviéramos el poder. La clásica bruja, por otra parte, con su habitual malévolo interés en la pequeña cerveza de los affaires humanos, es todo lo que tememos tan bien que seguramente nos convirtamos en ellos.

Oh, bueno, esto no me dará un título de Doctor. Sospecho que a través del insidioso medio de los libros ilustrados para niños, los magos continuarán practicando su alta magia y las brujas ejecutarán sus hechizos diabólicos y malhumorados. Va a pasar mucho tiempo antes de que haya sitio para RITOS IGUALES.
 
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